19 abril 2007

A más de 3.000 metros

El fin de semana pasado me fui para Santa Fe de Bogotá invitada por la gente de LAN que se desvivió en atenderme. Helge no se pudo ir conmigo así que nos extrañamos un montón, obviamente me hizo mucha falta también escribir esos días en el blog.
A mi llegada, tardecito en la noche del viernes fui a comer al Restaurant San Isidro en Monserrat, una montaña que está a más de 3.000 metros de altura, en la que hay mucho peregrinaje de personas que pagan promesas al Señor Caído de Monserrat (un Cristo impresionante que está en la iglesia en este lugar). Se sube en teleférico o en funicular, pero a esa hora creo que sólo el teleférico está funcionando
-también se puede subir de rodillas o a pie con frijoles en los zapatos como hacen los penitentes-.
Antes de subir, en el día, puedes tomarte fotos con algunas
simpáticas llamas con las que tienes que tener cuidado porque a veces escupen si se entusiasman o se fastidian, la entrada al funicular tiene una fuente decorada con figuras indígenas de piedra como las que hacían los chibchas y en la noche le ponen flores de luz que lucen espectaculares, lamentablemente la belleza no se aprecia mucho con nuestra humilde camarita.
Fue mi primera vez de noche en ese lugar y la vista es sinceramente espectacular, a la ciudad no le ves límites, está repleta de luz y hasta puedes ver un edificio altísimo que cambia de colores: azul, verde, rojo... hermoso.
Hacía frío, pero no tanto como debería.
Un par de años antes había ido en el día para pasear por las caminerías repletas de flores y frailejones enanos, en las que se encuentran las imágenes de bronce del Vía Crucis. Creo que hay otro restaurant más por allí, y hay una casa que dicen fue trasladada lista y completa hasta el cerro en el que está. No sé si será una leyenda porque luce demasiado grande y complicada de mover.
En San Isidro me comí una parrilla de mero con vegetales en mantequilla de hierbas que estaba descomunal, acompañado con vinito tinto y frutas con helado de postre, de verdad que cené riquísimo. Sin embargo al salir para ir hacia el teleférico para bajar a la ciudad me dio "principios de mal de páramo", la taquicardia no fue normal, sentía el pecho como un tambor. Afortunadamente la canelita que me habían dado antes de subir hizo lo suyo y cuando comenzó el descenso todo se normalizó.

Les dejo una foto de la panorámica de Bogotá desde Monserrat, las otras fotos las hice en el viaje anterior, también se las pongo para los que no conocen puedan hacerse idea de la maravilla del lugar... después les cuento más.

2 comentarios:

Marta Elena dijo...

Que nota las fotos!, sin duda que nos llevas a viajar con tu blog.

Benedetto dijo...

Gracias!, Gracias!, Gracias!...


Monserrate de mis amores....


No es "Avila Màgica". No. Es diferente, tiene su propia identidad; el clima aquì es diferente; el mercado de comida ( feria ) es absolutamente artesanal y muy alejado del concepto de "franquicia".

El templo en si es una oda a la religiosidad bogotana; y son muchos los peregrinos que lo visitan pagando la penitencia que tu muy bien describiste.

Las vistas de la "Sabana de Bogotà" sencillamente llenan las pupilas de "color ladrillo" ; y es que en Bogotà, se aprecia a diferencia de Caracas, esas construcciones con fuerte carga de "ladrillos" en sus acabados; edificios, clìnicas, mercados, casas; todo en una amalgama tremenda.

He tenido la dicha de usar el telefèrico, asi como las caminerìas, y puedo confirmar, que la belleza de ese paseo bien vale el esfuerzo!



Gracias por compartir esta maravillosa experiencia!



:-)