Historias nacidas de la tierra, la atracción de los opuestos, el re-descubrimiento interactivo. Autóctonos de aquí, autóctonos de allá: El sincretismo en todas sus versiones...
Me encanta escuchar el sonido de los cascos de los caballos trotando por el pavimento a toda hora del día. Es un sonido que me reconforta, que me hace sentir parte de la tierra, y me hace olvidar mi presencia en la metrópoli. Una de las cosas que me gusta de Bogotá es esa, el contraste divino entre lo vanguardista y lo rural. Ese magnífico contrapunteo entre tacones y trote animal, que escucho a diario, justo frente a mi casa. En esta ciudad avanzada, en la que conviven en armonía los aires coloniales, bohemios y futuristas, pululan los chatarreros y sus improvisadas carretas tiradas por caballos o asnos. Puedes verlos en las calles de La Candelaria, o incluso en las grandes avenidas (como ayer mientras iba absorta en mis pensamientos viajando en el Transmilenio). También puedes ver las mullidas llamas, destinadas a pasarse la vida sonriendo ante las cámaras de sus dueños en la Plaza Bolívar o en la subida a Monserrat. Todo para ganarse el sustento junto a sus amadas crías. En fin, amo esta ciudad, la misma de rumbas con nariz levantada y chatarreros trabajando a caballo.
Cuando estaba en el colegio ninguna tarea me gustaba más que hacer un germinador. Era maravilloso ver los brotes de caraotas negras (fríjoles) atrapadas en un frasco de compota, para luego estirarse en unos tallos perfectos que iban abriéndose con la luz del sol. El milagro del fototropismo, pues. Este recuerdo viene a que mi amiga Vivian, y su amiga María Paola, se inventaron un plan vacacional vespertino que me encanta. Reciben chicos entre 3 y 7 anios y los ayudan a explotar su creatividad ecológica en el Centro de Servicio de los Multifamiliares, en La Candelaria, Bogotá. Los programas incluyen yoga, pintura, música, teatro, lectura, manualidades con materiales reciclables, títeres ecológicos y recreación dirigida. Tienen un costo de 10.000 pesos por un día. 35.000 pesos por una semana y 70.000 por dos semanas. Los teléfonos de estas dedicadas chicas que aman a los infantes y les encanta el tema verde son: 300-6124416 (Vivian) y 300-5250682 (María Paola).
La maltratamos tanto, y ella siempre florece entre escombros. Pero sinceramente no se si esta vez la Tierra echara flores. Los derrames petroleros en el Golfo de Mexico y en el Zulia en Venezuela me tienen molestisima, ambos casos son el mejor ejemplo del poder mercantil versus la violada naturaleza. El daño podria ser irrecuperable, y ningun fajo de billetes verdes devolvera la vida a cada individuo animal o vegetal que la marea negra encuentra a su paso. Lamentablemente la vida no se compra.Sin embargo, esta foto me reconforta: una semilla que el viento transporto al azar, tuvo la fuerza para romper el concreto, mirar hacia la luz y brotar con sus hermosos tallos verdes y petalos amarillos. Cada vez que veo esta planta floreciendo entre la basura, sueño con un mundo sin la cicatriz de las empresas (y personas) irresponsables.
Este post se lo debía a Inés... como estaba haciendo ensalada de gallina, para no olvidar mis costumbres culinarias venezolanas, aproveché para tomarle una foto a las papas "tocarreñas" (como dice en el empaque). Fue difícil porque el zoom de mi cámara no ayuda con objetos tan pequeños, pero hice el intento. En fin, estas papas tienen la piel color púrpura, por dentro son blanquísimas, y cuando las cocinas quedan como mantequilla. Generalmente las uso para hacer puré y en la ensalada de hoy quedaron buenísimas (pero las corté en cuadros antes de hervirlas)... ayer las hice fritas y se deshacían al moverlas en el aceite ¡quedaron riquísimas! Me pregunté qué pasaría si las hirviera o las horneara con cáscara ¿perderían el color? ¿se teñiría su corazón?... esa tarea se la dejo a Inés con su laboratorio gastronómico, yo el día que tenga horno lo haré por pura ociosidad.
*Aquí en Colombia hay papa sabanera, pastusa, criolla, blanca... casi que con lunares azules y rayas rosadas. En la medida que las aprenda a diferenciar les iré contando.
Ayer fue un día raro. Recibimos la visita de nuestros amigos austríacos y colombianos, celebramos el día del padre con una cena de puré de papas, guisantes en mantequilla y cerdo con ajo, cebolla larga (cebollín) y miel, fue el primer día del padre que pasé sin mi papá (gracias a Dios existe Skype), y sinceramente lo extrañé un montón. Para no contar el día al revés, en una especie de flash back volveré a mi cama y abriré los ojos. Me desperté muy temprano con el sonido de los tacones en la calle, me encantó que las mujeres usaran sus zapatos altos un domingo, casi de madrugada, para ir a votar. Aunque fue enorme la abstención en esta segunda vuelta electoral en la que Santos y Mockus se disputaban el cargo mayor, debo decir que por aquí, desde mi gran ventanal, vi bastante gente bajando a cumplir con su deber en las carpas dispuestas bajo la lluvia, en plazas y parques circundantes. Aquí los centros de votación están en la calle a la vista de todos, los colombianos hacen su colita con orden, sin protestas acaloradas ni gritos a favor o en contra de alguien. Además llovía, algo atípico en esta semana en la que brilló el sol con bastante frecuencia. El resto del día transcurrió tranquilo, como un domingo más. Sólo me recordó que había elecciones la franela verde perico con girasoles que cargaba una de nuestras amigas durante el almuerzo. Como no tenemos televisor, escuchamos un poco del partido de Brasil y no sé quién por internet, luego un poco de música electrogótica en alemán y, cuando nuestros amigos se mueron, los dos chicos que viven conmigo se fueron a dormir. Entonces revisé las páginas de algunos periódicos de Bogotá y ya daban al ganador... me sentí tan rara (¡una hora después y ya tenían el 99,7% de las mesas escrutadas! ¿no lo hacen manual?). Siguió una sesión intensa en Facebook y Twitter mientras Santos llegaba al Campín para dar su discurso como presidente electo, yo veía por la web de su partido cuánta gente se conectaba para ver el cuento on-line, 400, 500, 600 y más... entonces comencé a llorar, no porque ganara Santos, no porque perdiera Mockus, sino porque se me había olvidado qué se sentía como país enfrentarse al ejercicio democrático de una elección aparentemente transparente, con el comportamiento ejemplar de los electores, la fortaleza e independencia de las instituciones, y finalmente el cambio de presidente (y con él, de rumbo, de objetivos, de futuro). No soy quién para decir si los colombianos eligieron mal o bien (tengo mis preferencias políticas y muchos las conocen), sólo felicito (y envidio) que su país funcione, que la gente tenga la oportunidad de expresarse, que las instituciones (aún con sus vicios) sirvan como garantes de una democracia que, a punta de sangre, tanto les ha costado construir. Felicito a Colombia por su sistema, por mostrarle al mundo que son una nación hermosa, por permitirme ser testigo de su ejercicio democrático, ese que deseo hasta la muerte podamos recuperar los venezolanos en corto tiempo.
Tenemos nuevos miembros en la familia, una planta que llaman "plumitas" y una picante chica de ajíes amarillos, naranjas y rojos que me parece divertidísima... ambas están acompañadas de una palmera enana que nos recuerda a las costas de Aragua y un pinito de pocos meses de vida que, pretendemos llenar de luces en Navidad. La excusa para comprar a este último fue: 1. no tener árboles de plástico ocupando espacio en el closet durante 11 meses en el año / 2. no comprar pinos navideños sin raíz para luego botarlos a la basura (eso no es cool). Al pino y la palmera no los fotografié por falta de batería (y aquí las pilas me parecen carísimas), pero junto a las coloridas damas que sí les muestro, llenan de vida este espacio que se ve gigante con los muebles brillando por su ausencia. Ojalá las disfruten, aquí hay muchas plantas exóticas y hermosas que puedes comprar por 8 o 12 mil pesos en la calle (incluyendo los famosos jalapeños).
*No me gusta la moderación de comentarios, me parece una especie de censura que va en contra de mis principios periodisticos. Pero si bien antes no la usaba, una lluvia de spam salpicó este blog durante todo el tiempo que estuve sin escribir en él. Por eso me puse pichirre con el espacio y decidí ponerme la bata fea, con látigo incluido, del censurador. Lo que moderaré será el mensaje basura tipo spam, si me insultan elegantemente lo publicaré, no se preocupen por eso (pero si usan groserías no justificadas, pues entonces no verán su sueño publicado en autoktonus).
Comunicadora Social y ciudadana del mundo.
Escritora de seriedades y pendejadas.
Dibujante de servilletas mojadas.
Mochilera y viajera cinco estrellas.
Novia, esposa y mamá.